Luis María Baudouin inicia |
En plena Revolución Francesa, en medio de
una sociedad convulsionada por revueltas sociales, políticas y también religiosas, Luis María Baudouin, joven sacerdote de Luçon,
vivió inmerso en la problemática de su tiempo.
Se dejó
conducir por el Espíritu de Dios como Abrahán. Abandonó su tierra, su
familia, cruzó la
frontera hacia el Sur y se exilió
en España, donde permaneció durante cinco años.
Virgen
Blanca |
Itinerario
de los hermanos Pedro Martín y |
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Salida del puerto de Sables d'Olonne (Francia) 9 de Septiembre 1792 Llegada a España: San Sebastián 14 de Septiembre 1792 Pasan por Pamplona para legalizar su situación Estancia en Zaragoza de Septiembre a Diciembre 1792 Expulsados, se dirigen a Valencia a finales del año 1792 Monasterio de Dominicos de Agullent: Enero 1793 Monasterio Franciscano de Agres: Febrero a Abril 1793 Ante la guerra entre Francia y España el
grupo de clérigos de Luçon donde están integrados, pide
asilo al obispo de Astorga. Pasan por Madrid. Visitan al Vicario del Cardenal de Toledo y tratan de la enfermedad de Pedro Martín Baudouin y en consecuencia cambian su rumbo. Los hermanos Baudouin se dirigen a Toledo después de recorrer en total más de 1.000 km. Son acogidos por el Cardenal Lorenzana. Estancia en Toledo: De Mayo de 1793 a Julio 1797 Por dos veces Luis María Baudouin va a pasar unos meses en Torrejón de Velasco y Cubas. Años 1796 y 1797 Luis María Baudouin sale de Toledo en dirección a Francia. Julio de1797 Llegada a Sables d'Olonne el 14 de Agosto de 1797 |
Para este joven sacerdote
desbordante de celo misionero, estos años supusieron un impás en su ministerio
pastoral activo. Fue un verdadero
"tiempo de desierto"
Vivió la separación de la familia, de los amigos que
quedaron en Francia. La angustiosa situación de no tener
noticias exactas de su tierra, cuando los
alarmantes rumores que llegaban de allí hacían suponer lo
peor.
Sufrió la separación definitiva de Pedro Martín, su hermano,
amigo y consejero,
fallecido en 1796 y enterrado en San Cipriano de Toledo
Experimentó la pobreza, privaciones de todo género, sobre todo en los primeros meses de exilio. Conoció fatigas, inseguridad, falta de libertad a través de los numerosos desplazamientos impuestos por las circunstancias políticas y religiosas.
Pero estos cinco años
fueron:
Tiempo de gracia y bendición.
Tiempo de siembra
fecunda.
Tiempo de luces, formación, inspiración, gestación de un futuro para la Iglesia.