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Teresa
de Ávila - Juan de la Cruz - María de Agreda: Tres Místicos
españoles que permanecerán para siempre en el corazón de Luis María
Baudouin, impregnando su vida y su obra.
En
Toledo había por entonces 21 iglesias de rito latino y 6 de rito
mozárabe.
El Rito HispanoMozárabe, pudo vivirlo Luis María Baudouin en Toledo.
Sabemos de hecho que conservó la devoción a algunos de sus santos propios tales
como Santa Eulalia y San Isidro, a los que cita en sus textos
Toledo,
la ciudad de las Tres Religiones mantenía viva la
inerculturalidad. Los clérigos franceses pudieron contemplar el barrio judío, las Sinagogas..
¿Qué pudo percibir Luis María Baudouin a través de Toledo acerca de este pueblo cuando años
más tarde escribió unas Explicaciones al Cantar de los Cantares, con
referencias bien directas, novedosas y emotivas a las raíces judías?
Paseaban
entre los nazarenos, flores de la primavera en los Cigarrales de Toledo.
Participaban en las celebraciones de la Semana Santa donde los
Nazarenos, agrupados por
cofradías, con sus tradicionales hábitos morados, portaban en silencio y con un profundo sentido
penitencial los pasos de las procesiones.
Experimentó
lo que era el vivir del trabajo de sus manos, entre la gente sencilla
del pueblo y cómo el lugar de inserción no era neutro.
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Ave
María Purísima, repetía la gente del pueblo, cuando una y otra
vez se
cruzaban por los caminos.
De España se llevó Luis María Baudouin como preciado don la devoción
a María Inmaculada, conservando en la profesión de Fé la esencia inmaculista, vinculándose
también a la Cofradía de la
Esclavitud, floreciente en Toledo
Algunos días subían a la Catedral a celebrar la Misa
muy de mañana, como les era prescrito.
La Procesión del Corpus, fiesta central de esta ciudad a lo
largo de los siglos, la Capilla del Corpus de la Parroquia de su
barrio, todo ello fue marcando su profunda devoción a la
Eucaristía.
El
amor y la profundización de la Palabra de Dios, los escritos de los
Padres de la Iglesia, las profundas y bellas obras de los Ascetas y
Místicos de España, contemplados y leídos directamente en los
textos durante las largas estancias en el Archivo Arzobispal al
que acudían impulsados por el cardenal Lorenzana.
Junto
a algunos eclesiásticos franceses y al diácono Dariés, residentes en
Toledo, se escribieron las primeras páginas de lo que luego serían los
cimientos de las futuras Congregaciones de los Hijos de María Inmaculada y
de las Ursulinas de
Jesús. Ya desde entonces se enrolaron en la llamada Sociedad de María,
donde Luis María Baudouin tuvo una fuerte implicación.
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